“Cuando cierra la boca parece que los dientes de abajo quedan por fuera de los de arriba”.
“Solo le pasa en un lado”.
“Nos dijeron que esperásemos porque todavía tiene dientes de leche”.
Son frases que escuchamos con frecuencia cuando una familia acude por primera vez a una revisión de ortodoncia infantil.
La mordida cruzada en niños puede resultar difícil de identificar para los padres porque no siempre produce unos dientes especialmente torcidos ni provoca dolor. A veces el niño come perfectamente, habla con normalidad y nunca se ha quejado de ninguna molestia.
Sin embargo, hay un detalle que llama la atención: al cerrar la boca, algunos dientes parecen morder “al revés”.
En una mordida habitual, los dientes superiores quedan ligeramente por fuera de los inferiores. Cuando sucede lo contrario en una determinada zona hablamos de mordida cruzada.
Pero detrás de esa definición aparentemente sencilla pueden existir situaciones muy diferentes.
Puede faltar espacio.
El maxilar superior puede ser estrecho.
Puede existir una posición dental incorrecta.
La mandíbula puede desplazarse hacia un lado cada vez que el niño cierra.
O puede haber una discrepancia entre el crecimiento del maxilar y de la mandíbula.
Y distinguir entre todas ellas es precisamente lo importante.
Porque no todas las mordidas cruzadas necesitan el mismo tratamiento ni todas deberían tratarse a la misma edad.
Morder “al revés” no significa simplemente tener los dientes torcidos
Cuando pensamos en ortodoncia infantil solemos fijarnos en si los dientes están alineados.
Pero la mordida aporta mucha más información.
Imagine una caja con su tapa.
La tapa debería ser ligeramente más grande para cubrir correctamente la parte inferior.
Algo parecido sucede entre las arcadas dentales.
En condiciones normales, la arcada superior queda ligeramente por fuera de la inferior.
Cuando uno o varios dientes inferiores quedan por fuera de los superiores al cerrar la boca, esa relación se invierte.
Eso es lo que denominamos mordida cruzada.
El problema es que lo que vemos en los dientes puede ser solamente la consecuencia de algo que está ocurriendo en las estructuras que hay debajo.
No existe una única mordida cruzada
Esta distinción es fundamental.
Hay niños que presentan un único diente cruzado.
Otros tienen varios dientes posteriores afectados.
Algunos presentan la mordida cruzada solamente en el lado derecho o izquierdo.
Y otros muestran una relación invertida prácticamente en toda la zona anterior.
Aunque coloquialmente llamemos a todo “mordida cruzada”, desde el punto de vista ortodóncico pueden ser situaciones muy diferentes.
Por eso el primer objetivo no consiste en elegir un aparato.
Consiste en descubrir por qué está mordiendo así el niño.
Cuando el problema está únicamente en un diente
Puede ocurrir que un incisivo definitivo erupcione en una posición incorrecta y quede por detrás de los dientes inferiores.
En determinadas situaciones estamos ante un problema fundamentalmente dentario.
Esto es diferente de un niño cuyo maxilar superior completo es demasiado estrecho o cuya mandíbula presenta una relación alterada con respecto al maxilar.
Visualmente puede existir una mordida cruzada en ambos casos.
El diagnóstico, sin embargo, no es el mismo.
Y tampoco debería serlo el tratamiento.
Cuando el paladar es estrecho
Una de las situaciones que encontramos en ortodoncia infantil es un maxilar superior estrecho.
Los padres suelen describirlo como “paladar estrecho”, aunque realmente lo que debemos valorar es el desarrollo transversal del maxilar superior y su relación con la mandíbula.
Cuando la arcada superior es demasiado estrecha respecto a la inferior, los dientes posteriores pueden cerrar por dentro de los inferiores.
Esto puede ocurrir en un lado o en ambos.
Y aquí aparece una pregunta muy importante:
¿qué hace la mandíbula para conseguir cerrar la boca?
El niño puede estar desviando la mandíbula cada vez que muerde
Este es uno de los aspectos más interesantes —y menos conocidos— de determinadas mordidas cruzadas infantiles.
Imagine que el maxilar superior es ligeramente estrecho y que, al intentar cerrar la boca de forma centrada, algunos dientes chocan antes de tiempo.
El niño necesita encontrar una posición cómoda para terminar de cerrar.
¿Qué hace?
Desplaza ligeramente la mandíbula hacia un lado.
No lo hace conscientemente.
Su organismo simplemente busca una posición en la que los dientes puedan encajar mejor.
El problema es que ese movimiento se repite constantemente.
Al desayunar.
Al comer.
Al tragar.
Al apretar los dientes.
Cada día.
Durante meses o años.
Por eso una mordida cruzada unilateral con desviación funcional de la mandíbula merece una valoración cuidadosa durante el crecimiento.
No estamos observando únicamente unos dientes que encajan al revés.
Estamos observando una forma diferente de cerrar la boca.
¿Puede una mordida cruzada provocar asimetría facial?
Esta es una de las preguntas que más preocupan a las familias.
No deberíamos afirmar que cualquier mordida cruzada va a provocar necesariamente una asimetría facial.
No es así.
Pero cuando existe una desviación funcional mantenida de la mandíbula durante una etapa de crecimiento, sí existe un motivo para estudiarla y controlar su evolución.
El desarrollo facial es dinámico.
Los músculos, los huesos y la mordida interactúan constantemente.
Por eso determinadas alteraciones funcionales pueden ser más interesantes de corregir durante el crecimiento que una vez que éste ha terminado.
La clave vuelve a estar en el diagnóstico.
“Pero todavía tiene dientes de leche, ¿no deberíamos esperar?”
Tener dientes de leche no significa que no podamos valorar la mordida.
De hecho, uno de los objetivos de la ortodoncia interceptiva consiste precisamente en detectar determinados problemas antes de que termine el recambio dental.
Esto no significa tratar precozmente cualquier irregularidad.
Hay apiñamientos que pueden observarse.
Posiciones dentales que todavía cambiarán.
Situaciones en las que esperar es perfectamente razonable.
Pero existen otros problemas en los que el tiempo tiene importancia porque están relacionados con la función o con el crecimiento.
Por eso la pregunta correcta no es:
“¿Tiene todavía dientes de leche?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué está provocando esta mordida cruzada y qué puede ocurrir si la dejamos evolucionar?”
Esperar también puede ser una decisión clínica
Es importante aclararlo porque hablar de diagnóstico temprano no significa defender tratamientos innecesariamente precoces.
En algunos niños, después de estudiar la mordida, podemos decidir simplemente realizar controles.
Eso no significa que no exista vigilancia.
Significa que consideramos que el momento adecuado para intervenir todavía no ha llegado.
Una buena ortodoncia infantil no consiste en colocar aparatos cuanto antes.
Consiste en saber cuándo merece la pena actuar y cuándo merece la pena esperar.
¿Puede corregirse sola una mordida cruzada?
Depende del tipo y de su causa.
Algunas alteraciones dentarias pueden modificarse con la erupción y el recambio dental.
Otras tienen pocas probabilidades de resolverse espontáneamente, especialmente cuando existe una discrepancia clara entre las arcadas o una desviación funcional.
Por eso no deberíamos utilizar la misma respuesta para todos los niños.
“Ya se corregirá cuando crezca” puede ser correcto en determinadas situaciones.
En otras, simplemente estamos dejando pasar una etapa del desarrollo en la que podría resultar interesante intervenir.
¿A qué edad debería revisarse?
Una primera valoración ortodóncica alrededor de los 6-7 años permite observar aspectos que van mucho más allá de si los dientes están rectos.
A esa edad podemos valorar cómo están erupcionando los primeros dientes permanentes, cómo encajan ambas arcadas, si existe una desviación al cerrar, cómo está desarrollándose el maxilar y qué relación mantiene con la mandíbula.
Realizar esta revisión no significa que el niño necesite ortodoncia.
En muchas ocasiones saldrá de la consulta sin ningún aparato.
Pero los padres sabrán qué estamos observando y cuándo deberíamos volver a revisarlo.
Eso también es prevención.
¿Cómo pueden darse cuenta los padres en casa?
Hay algunas señales sencillas que pueden llamar la atención.
Pida al niño que abra la boca y después que cierre despacio, sin indicarle hacia dónde debe mover la mandíbula.
Observe el recorrido.
¿La mandíbula baja y sube aproximadamente centrada?
¿O parece desplazarse hacia un lado justo antes de que los dientes encajen?
También puede observar su sonrisa de frente.
¿El centro de los dientes superiores coincide aproximadamente con el de los inferiores?
¿Parece que mastica preferentemente por un lado?
¿Algunos dientes inferiores quedan claramente por fuera de los superiores?
Estas observaciones no permiten hacer un diagnóstico en casa.
Pero sí pueden ser un motivo para solicitar una revisión.
Masticar siempre por un lado puede ser una pista
No todos los niños con mordida cruzada mastican unilateralmente y no todos los niños que mastican por un solo lado tienen una mordida cruzada.
Pero existe una relación que merece atención.
Cuando la mordida resulta más cómoda en un lado, el niño puede desarrollar preferencias masticatorias.
Con el tiempo, ese patrón se repite miles de veces.
Precisamente por eso no estudiamos los dientes de forma aislada.
Observamos también cómo funciona la boca.
La ortodoncia no debería limitarse a conseguir una fotografía bonita de unos dientes alineados.
La finalidad es conseguir una mordida funcional y estable.
Respiración oral, chupete y otros hábitos: ¿tienen relación?
Los padres suelen preguntarnos si la mordida cruzada se debe al chupete.
La realidad es más compleja.
El desarrollo de los maxilares está condicionado por numerosos factores, entre ellos la genética, la función muscular y determinados hábitos.
La respiración oral persistente, la posición de la lengua o algunos hábitos prolongados pueden coexistir con alteraciones en el desarrollo de las arcadas.
Pero encontrar una asociación no significa que podamos señalar automáticamente una única causa.
Por ejemplo, un niño que duerme constantemente con la boca abierta merece una valoración global.
Si además ronca o presenta dificultades respiratorias, puede ser conveniente consultar con pediatría u otorrinolaringología.
La ortodoncia forma parte del diagnóstico, pero no todo se resuelve colocando un aparato.
¿Cómo se diagnostica correctamente una mordida cruzada?
La exploración clínica sigue siendo fundamental.
Necesitamos observar cómo abre y cierra la boca el niño.
Cómo encajan los dientes.
Si existe desviación mandibular.
Cómo son ambas arcadas.
Qué piezas han erupcionado.
Y en qué momento del crecimiento se encuentra.
La odontología digital puede aportar mucha información adicional.
El escáner intraoral permite obtener modelos tridimensionales de ambas arcadas y estudiar la mordida de una forma muy precisa.
Las fotografías clínicas permiten registrar el punto de partida y controlar la evolución.
Y cuando está indicado, determinadas pruebas radiológicas aportan información que no podemos obtener únicamente observando los dientes.
Pero ninguna tecnología debería utilizarse porque sí.
Cada prueba tiene que responder a una pregunta clínica.
¿Cómo se trata una mordida cruzada en niños?
Depende completamente del diagnóstico.
Cuando existe un problema transversal del maxilar, una de las posibilidades puede ser trabajar sobre su anchura durante el crecimiento.
En otros casos puede ser necesario corregir la posición de uno o varios dientes.
También existen situaciones en las que pueden utilizarse aparatos de ortodoncia interceptiva, ortopedia o determinados sistemas de alineadores adaptados a pacientes infantiles.
Pero hablar del aparato antes del diagnóstico tiene poco sentido.
Dos niños pueden llegar a consulta diciendo exactamente lo mismo:
“Muerde al revés”.
Y necesitar abordajes completamente distintos.
El tratamiento no debería elegirse por el nombre del problema, sino por su causa.
¿Qué ocurre si llegamos a la edad adulta con una mordida cruzada?
Dependerá nuevamente de su gravedad y origen.
Una mordida cruzada dental puede tener soluciones ortodóncicas relativamente diferentes de una discrepancia esquelética importante en un adulto que ya ha terminado su crecimiento.
Precisamente ahí se entiende el valor de vigilar determinados problemas durante la infancia.
No porque todo tenga que tratarse antes.
Sino porque algunas posibilidades terapéuticas están directamente relacionadas con el hecho de que el niño todavía está creciendo.
La ortodoncia infantil no consiste en conseguir dientes perfectos cuanto antes
Existe cierta tendencia a pensar que cuanto antes se coloque un aparato, mejor.
No compartimos esa idea.
El objetivo de una revisión temprana no es empezar tratamientos de manera sistemática.
Es detectar aquellas situaciones en las que intervenir durante el crecimiento puede aportar una ventaja real.
Una mordida cruzada es un ejemplo perfecto.
En un niño puede ser una simple posición dental que debemos vigilar.
En otro puede estar haciendo que la mandíbula se desvíe cada vez que cierra la boca.
Desde fuera ambos parecen tener “un diente al revés”.
Clínicamente son dos historias diferentes.
Preguntas frecuentes sobre mordida cruzada en niños
¿Qué significa que un niño tenga mordida cruzada?
Significa que uno o varios dientes superiores muerden por dentro de los inferiores cuando normalmente deberían quedar ligeramente por fuera. Puede tener un origen dental, funcional o relacionado con el desarrollo de los maxilares.
¿La mordida cruzada infantil se corrige sola?
Algunas situaciones pueden cambiar durante el recambio dental, pero otras tienen pocas posibilidades de corregirse espontáneamente. Es necesario estudiar qué está provocando la mordida cruzada antes de decidir si conviene tratar o esperar.
¿Es malo esperar hasta que salgan todos los dientes definitivos?
No siempre. En algunos casos esperar es adecuado. Sin embargo, cuando existe una alteración funcional o relacionada con el crecimiento, puede ser interesante intervenir antes de completar toda la dentición permanente.
¿Una mordida cruzada puede hacer que la mandíbula se desvíe?
Sí. En determinados casos el niño desplaza lateralmente la mandíbula para conseguir que los dientes encajen. Es lo que denominamos una desviación funcional y merece una valoración ortodóncica.
¿Un paladar estrecho puede producir mordida cruzada?
Puede hacerlo. Cuando el maxilar superior presenta una anchura insuficiente respecto a la arcada inferior, algunos dientes posteriores pueden quedar por dentro de los inferiores al cerrar.
¿Todos los niños con mordida cruzada necesitan un disyuntor?
No. El tratamiento depende de la causa, la edad, el crecimiento y las características concretas de la mordida. Una mordida cruzada no implica automáticamente que sea necesario utilizar un disyuntor.
¿A qué edad conviene revisar una mordida cruzada?
Puede valorarse desde edades tempranas. Una primera revisión ortodóncica alrededor de los 6-7 años permite detectar alteraciones de la mordida y decidir si es necesario intervenir o simplemente controlar su evolución.
¿Los alineadores transparentes pueden corregir una mordida cruzada infantil?
En determinados casos pueden formar parte del tratamiento, pero no todas las mordidas cruzadas tienen el mismo origen. La elección del sistema depende del diagnóstico y de los objetivos que necesitemos conseguir durante el crecimiento.
Si algo parece diferente al cerrar la boca, merece la pena comprobar por qué
Los niños se adaptan extraordinariamente bien.
Ese es precisamente el motivo por el que algunos problemas pasan desapercibidos.
Un niño puede desplazar la mandíbula para cerrar, acostumbrarse a masticar de una determinada manera y no sentir absolutamente ningún dolor. Para él, esa forma de morder es simplemente la normal.
Por eso no deberíamos esperar a que exista dolor para revisar una mordida.
En CUCINIELLO & ÁLVAREZ, en clínica dental en Torrelodones, estudiamos la ortodoncia infantil desde una perspectiva funcional: no solo observamos dónde están los dientes, sino cómo está creciendo el niño, cómo encajan sus maxilares y qué ocurre cada vez que cierra la boca.
Atendemos familias de Torrelodones y de localidades próximas como Las Rozas, Las Matas, Galapagar, Hoyo de Manzanares, Colmenarejo y Collado Villalba, pero el criterio es siempre el mismo: tratar únicamente cuando existe una razón para hacerlo y aprovechar el crecimiento cuando realmente puede jugar a nuestro favor.
Porque ante una mordida cruzada infantil, la pregunta no debería ser simplemente:
“¿Qué aparato necesita?”
Hay una pregunta mucho más importante:
“¿Por qué está mordiendo así?”
Y esa respuesta es la que determina si podemos esperar… o si precisamente esperar es lo que no nos interesa hacer.




