La mayoría de las personas no son conscientes de que mastican siempre por el mismo lado. Es un hábito que suele aparecer de forma progresiva, casi sin darnos cuenta. Un día evitamos una muela porque molesta un poco. Otro día preferimos el lado contrario porque resulta más cómodo. Con el tiempo, ese pequeño gesto termina convirtiéndose en una costumbre.

Y ahí empieza el problema.

Nuestro organismo tiene una enorme capacidad de adaptación. Cuando una parte del cuerpo deja de funcionar correctamente, otra intenta compensarlo. Ocure con la espalda, con las rodillas, con la vista… y también con la boca.

Sin embargo, adaptarse no significa que todo vaya bien.

Masticar durante años solo por un lado puede provocar un auténtico efecto dominó sobre dientes, encías, hueso, músculos, articulaciones e incluso sobre la expresión facial. Muchas personas llegan a consulta preocupadas por un implante, por una fractura dental o por un desgaste importante, cuando en realidad el origen del problema comenzó muchos años antes con una simple ausencia dental o una mordida desequilibrada.

En CUCINIELLO & ÁLVAREZ, clínica dental en Torrelodones, vemos esta situación con frecuencia en pacientes procedentes de Las Rozas, Galapagar, Colmenarejo, Las Matas, Hoyo de Manzanares y Collado Villalba. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, todavía estamos a tiempo de corregir el problema si se diagnostica de forma adecuada.


La boca está diseñada para trabajar de forma equilibrada

Cuando pensamos en la masticación, solemos imaginar únicamente los dientes.

Pero en realidad interviene un sistema extraordinariamente complejo.

Los dientes.

Las encías.

El hueso.

Los músculos masticatorios.

Las articulaciones temporomandibulares.

La lengua.

Los labios.

Incluso la postura de la cabeza.

Todo este conjunto trabaja de forma coordinada para repartir las fuerzas de manera uniforme.

Cuando utilizamos ambos lados de la boca, cada estructura soporta aproximadamente la carga que le corresponde.

Pero cuando dejamos de utilizar una parte, ese equilibrio desaparece.

Y el organismo comienza a compensar.


¿Por qué empezamos a masticar solo por un lado?

En la mayoría de los casos no es una decisión consciente.

Simplemente evitamos el lado que resulta incómodo.

Puede ocurrir por muchos motivos.

Una muela con caries.

Una fractura.

Un empaste alto.

Una sensibilidad intensa.

Una ausencia dental.

Una prótesis que no ajusta correctamente.

Una muela del juicio.

O incluso una inflamación de la encía.

El problema aparece cuando esa situación se mantiene durante meses o años.

Lo que inicialmente era una adaptación temporal termina convirtiéndose en un patrón permanente.


El primer gran perjudicado: el lado que deja de trabajar

Existe una idea muy extendida.

Pensamos que el lado que no utilizamos «descansa».

En realidad sucede justo lo contrario.

Los dientes necesitan trabajar.

El hueso necesita recibir estímulos durante la masticación.

Cuando una zona deja de utilizarse, comienza a perder función.

Y el hueso empieza a reabsorberse lentamente.

Este proceso resulta especialmente evidente cuando existe una pérdida dental.

Al desaparecer la raíz, el hueso deja de recibir la estimulación natural que producía la masticación y comienza a reducir su volumen.

Por eso insistimos tanto en no retrasar durante años la colocación de un implante dental.

Cada mes que pasa puede hacer que el tratamiento futuro resulte más complejo.


El otro lado trabaja el doble

Mientras un lado deja de funcionar, el otro soporta prácticamente toda la carga.

Ese exceso de trabajo provoca un desgaste mucho mayor de los dientes.

Las cúspides comienzan a perder altura.

El esmalte se va desgastando.

Pueden aparecer pequeñas fracturas.

La sensibilidad aumenta.

Y el riesgo de fisuras también.

Muchas personas piensan que el desgaste dental es únicamente consecuencia de la edad.

Sin embargo, una masticación desequilibrada puede acelerar enormemente ese proceso.


Los músculos también se cansan

Los músculos de la masticación funcionan de forma parecida a cualquier otro grupo muscular del cuerpo.

Cuando uno trabaja constantemente más que el otro, termina apareciendo una sobrecarga.

Esto puede traducirse en sensación de tensión.

Dolor en la mandíbula.

Molestias al despertar.

Dolores de cabeza.

Dolor alrededor del oído.

Incluso molestias cervicales.

Muchos pacientes consultan inicialmente a traumatólogos, fisioterapeutas o neurólogos sin imaginar que el origen del problema puede encontrarse en la forma en la que mastican desde hace años.


La articulación temporomandibular también sufre

Cada vez que abrimos y cerramos la boca, ambas articulaciones trabajan conjuntamente.

Cuando la carga deja de ser equilibrada, una de ellas soporta un esfuerzo mucho mayor.

Con el paso del tiempo pueden aparecer ruidos articulares.

Chasquidos.

Limitación para abrir la boca.

Dolor al masticar alimentos duros.

Sensación de bloqueo.

No todas las personas que mastican por un solo lado desarrollan un trastorno de la articulación temporomandibular, pero el riesgo aumenta claramente cuando este hábito se mantiene durante años.


¿Puede cambiar incluso la forma de la cara?

Aunque muchas personas lo desconocen, sí.

Los músculos faciales responden al uso continuado.

Cuando un lado trabaja constantemente más que el otro, pueden producirse pequeñas diferencias en el tono muscular.

Además, la pérdida progresiva de hueso derivada de una ausencia dental modifica el soporte natural de los tejidos blandos.

Estos cambios suelen ser lentos y progresivos.

Precisamente por eso muchas veces pasan desapercibidos.


La pérdida de un solo diente cambia mucho más de lo que parece

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar:

«Solo me falta una muela del fondo.»

Pero una única ausencia dental puede desencadenar numerosos cambios.

Los dientes vecinos comienzan a inclinarse.

El diente antagonista puede desplazarse hacia el espacio libre.

La mordida cambia.

La carga deja de repartirse correctamente.

Y el paciente empieza a masticar por el lado contrario.

Es el inicio de un proceso que puede durar años.

Por eso, cuando un paciente pierde un diente, nuestra prioridad no es únicamente sustituir esa pieza.

Nuestro objetivo es evitar todas las consecuencias que aparecen después.


Implantes dentales: mucho más que recuperar un diente

Muchas personas relacionan los implantes únicamente con la estética.

Pero su función va mucho más allá.

Un implante ayuda a recuperar la capacidad de masticar de forma equilibrada.

Permite volver a estimular el hueso.

Evita desplazamientos dentales.

Distribuye correctamente las fuerzas.

Y contribuye a mantener la estabilidad de toda la mordida.

Por eso, cuanto antes se reponga una pieza perdida, mayores serán las posibilidades de conservar el equilibrio funcional de la boca.


En los niños ocurre algo parecido: la mordida cruzada también altera la forma de masticar

Aunque solemos asociar este problema a los adultos, también aparece durante la infancia.

Uno de los ejemplos más claros es la mordida cruzada.

Cuando un niño presenta una mordida cruzada unilateral, muchas veces desplaza automáticamente la mandíbula hacia un lado para poder cerrar correctamente la boca.

Ese pequeño movimiento se repite cientos de veces cada día.

Miles de veces cada año.

Con el crecimiento puede favorecer un desarrollo asimétrico de la mandíbula y alterar el equilibrio muscular.

Por eso insistimos tanto en la importancia de realizar una primera revisión con el ortodoncista alrededor de los seis años.

Detectar estos problemas durante el crecimiento permite corregirlos de forma mucho más sencilla.

Esperar a la edad adulta suele implicar tratamientos más complejos.


¿Cómo saber si llevas años masticando solo por un lado?

Muchas personas responden inmediatamente:

«Yo mastico por los dos lados.»

Sin embargo, cuando lo comprobamos durante la exploración, descubrimos que casi toda la carga se concentra siempre en el mismo.

Algunas señales que pueden indicar este hábito son:

  • Siempre comienzas a masticar por el mismo lado.
  • Evitas inconscientemente determinadas zonas de la boca.
  • Presentas mayor desgaste en unos dientes que en otros.
  • Notas tensión siempre en el mismo lado de la mandíbula.
  • Tienes ausencias dentales antiguas.
  • Has perdido piezas que nunca fueron reemplazadas.
  • Escuchas chasquidos al abrir o cerrar la boca.

En muchas ocasiones el paciente no lo descubre hasta que realizamos un estudio completo de su mordida.


La tecnología permite detectar problemas antes de que aparezcan las consecuencias

Uno de los grandes avances de la odontología moderna consiste en analizar la boca como un sistema completo.

Hoy podemos estudiar la mordida, valorar el estado del hueso mediante TAC Dental 3D, registrar digitalmente la posición de los dientes con escáner intraoral y planificar tratamientos mucho más precisos.

El objetivo ya no es únicamente solucionar el problema actual.

Es evitar el siguiente.

Esa es probablemente la mayor diferencia entre una odontología reparadora y una odontología preventiva.


No esperes a que el desgaste sea irreversible

Existe un momento en el que el cuerpo deja de compensar.

Es entonces cuando aparecen fracturas, desgastes severos, dolores articulares o dificultades importantes para masticar.

Pero llegar a ese punto no es inevitable.

Detectar una ausencia dental a tiempo, corregir una mordida cruzada durante el crecimiento o reequilibrar la forma de masticar puede evitar muchos problemas futuros.

En odontología, las mejores decisiones casi siempre son las que se toman antes de que aparezca el dolor.


Preguntas frecuentes

¿Es malo masticar siempre por el mismo lado?

Sí. Mantener este hábito durante años puede favorecer desgaste dental, sobrecarga muscular, alteraciones articulares y pérdida de equilibrio en la mordida.

¿La pérdida de un solo diente puede afectar a toda la boca?

Sí. Incluso una única ausencia dental puede provocar desplazamientos dentales, pérdida de hueso y cambios progresivos en la forma de masticar.

¿Cuándo debería colocarme un implante después de perder un diente?

Siempre que sea posible, conviene no retrasar la reposición durante largos periodos, ya que el hueso comienza a reabsorberse desde los primeros meses.

¿La mordida cruzada en niños puede hacer que mastiquen solo por un lado?

Sí. Es una situación relativamente frecuente y, si no se trata durante el crecimiento, puede favorecer alteraciones funcionales y asimetrías en el desarrollo mandibular.

¿Cómo puedo saber si mastico correctamente?

Una exploración odontológica completa permite analizar la mordida, detectar desgastes anormales y valorar si existe un desequilibrio funcional.


Una pequeña costumbre puede tener grandes consecuencias

Masticar solo por un lado suele empezar como una adaptación casi imperceptible. Un diente que molesta, una ausencia dental que nunca se repuso o una mordida alterada pueden parecer problemas menores en un primer momento. Sin embargo, con el paso de los años, ese pequeño cambio modifica el funcionamiento de toda la boca.

En CUCINIELLO & ÁLVAREZ, en Torrelodones, entendemos la salud bucodental como un equilibrio entre dientes, hueso, músculos y articulaciones. Por eso, además de tratar el problema visible, buscamos identificar su origen para ayudarte a conservar una mordida sana durante muchos años.

Porque muchas veces el mejor tratamiento no es reparar el desgaste cuando ya ha aparecido. Es evitar que llegue a producirse.

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