“Le veo los dientes de arriba demasiado hacia delante”.

Es una de esas cosas que muchos padres empiezan a notar casi de repente. Quizá aparece en una fotografía, al ver sonreír al niño o simplemente porque los incisivos superiores llaman cada vez más la atención. A partir de ahí surge una duda bastante lógica: ¿los dientes están salidos o es que la mandíbula está demasiado atrás?

La respuesta es importante porque, aunque visualmente dos niños puedan tener una sonrisa parecida, el origen del problema puede ser completamente diferente.

En algunos casos, efectivamente, son los dientes superiores los que están excesivamente inclinados hacia delante. En otros, el maxilar superior tiene una posición más adelantada. Pero también encontramos niños en los que el verdadero problema está abajo: la mandíbula es pequeña, está retrasada respecto al maxilar o todavía no se ha desarrollado de forma equilibrada.

Y existen casos en los que se combinan varios de estos factores.

Por eso, cuando hablamos de ortodoncia infantil, no deberíamos fijarnos únicamente en si los dientes están rectos o torcidos. Durante el crecimiento hay algo todavía más importante que observar: cómo están desarrollándose los huesos que forman la cara y cómo encajan entre sí.

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Lo que los padres ven como “dientes salidos” tiene un nombre

Cuando los incisivos superiores se encuentran demasiado adelantados respecto a los inferiores hablamos habitualmente de un resalte aumentado.

Dicho de una forma sencilla, existe demasiada distancia horizontal entre los dientes de arriba y los de abajo.

El niño puede cerrar la boca correctamente y, aun así, mostrar unos incisivos superiores muy adelantados.

En algunos casos también cuesta mantener los labios cerrados de forma natural. El niño necesita hacer un pequeño esfuerzo para juntarlos o mantiene la boca entreabierta con frecuencia.

Pero el resalte es solamente lo que vemos.

Lo realmente importante es averiguar por qué existe.

Primera posibilidad: realmente son los dientes

Hay niños cuyos maxilares presentan unas proporciones razonablemente equilibradas, pero los incisivos superiores están inclinados excesivamente hacia delante.

Aquí el problema tiene un componente principalmente dentario.

Puede estar relacionado con la propia erupción de los dientes, con determinados hábitos mantenidos durante demasiado tiempo o con la posición de la lengua y los labios.

La succión del pulgar es uno de los ejemplos más conocidos.

Cuando este hábito se prolonga durante años, la presión repetida puede favorecer que los incisivos superiores se inclinen hacia delante y que los inferiores cambien también de posición.

Pero no debemos atribuir automáticamente todos los casos al chupete o al dedo.

Cada niño necesita ser estudiado individualmente.

Segunda posibilidad: el maxilar superior está adelantado

En otros niños, los dientes simplemente acompañan a la estructura ósea que los sostiene.

El maxilar superior puede presentar un desarrollo o una posición adelantada respecto a la mandíbula.

Visualmente veremos igualmente los dientes superiores muy prominentes, pero el origen ya no es exclusivamente dental.

Esto cambia completamente la planificación.

Mover únicamente los dientes sin estudiar previamente la relación entre los huesos podría mejorar parcialmente la sonrisa, pero no necesariamente corregir la causa del problema.

Y precisamente por eso las revisiones de ortodoncia durante el crecimiento tienen tanto valor.

Tercera posibilidad: quizá el problema está en la mandíbula

Esta suele ser la explicación que más sorprende a los padres.

A veces los dientes superiores parecen estar demasiado hacia delante cuando, en realidad, la mandíbula inferior se encuentra retrasada.

Imagine dos coches situados uno junto al otro.

Si uno de ellos retrocede, el otro parecerá estar más adelantado aunque no se haya movido.

Con los maxilares puede ocurrir algo parecido.

El maxilar superior puede encontrarse en una posición razonablemente correcta, pero si la mandíbula está retrasada, la diferencia entre los dientes superiores e inferiores aumenta considerablemente.

Por eso observar solamente los dientes puede resultar engañoso.

Necesitamos estudiar el perfil facial, la mordida, el crecimiento mandibular y la relación entre ambos maxilares.

¿Por qué es importante saberlo mientras el niño está creciendo?

Aquí aparece una de las grandes diferencias entre la ortodoncia infantil y la ortodoncia de adultos.

Un adulto ya ha terminado prácticamente su crecimiento óseo.

Un niño no.

Durante determinados momentos del desarrollo podemos aprovechar ese crecimiento para intentar guiar la relación entre los maxilares cuando existe una alteración que lo requiere.

No significa que todos los niños con los dientes superiores adelantados necesiten empezar inmediatamente un tratamiento.

De hecho, muchas veces la mejor decisión es simplemente controlar la evolución.

Pero para decidir esperar primero necesitamos saber exactamente qué estamos esperando.

Ese matiz es fundamental.

“¿No es mejor esperar a que tenga todos los dientes definitivos?”

Esta pregunta aparece constantemente en consulta.

Y no existe una respuesta universal.

Hay problemas puramente dentarios que pueden esperar perfectamente hasta que haya erupcionado una mayor parte de la dentición permanente.

Otros problemas relacionados con el crecimiento pueden beneficiarse de una actuación en una etapa concreta.

Por eso esperar simplemente porque todavía quedan dientes de leche no siempre es la mejor estrategia.

La primera revisión ortodóncica no significa necesariamente empezar ortodoncia.

Significa diagnosticar.

Podemos revisar a un niño y decidir que no necesita ningún tratamiento durante los próximos dos o tres años.

Eso también es una buena decisión clínica.

Lo importante es que sea una decisión basada en un diagnóstico y no en esperar hasta que el problema resulte evidente.

No miramos solamente si los dientes están rectos

Una revisión de ortodoncia infantil debería ir mucho más allá de observar si existe apiñamiento.

Estudiamos cómo cierra la boca.

Cómo encajan los dientes superiores con los inferiores.

Cómo está creciendo la mandíbula.

La anchura del paladar.

El perfil facial.

La posición de los labios.

Si existen desviaciones al cerrar.

Si hay una mordida cruzada.

Si el niño respira habitualmente por la boca.

Si mantiene hábitos como chuparse el dedo.

Y cómo está evolucionando el recambio de los dientes.

Toda esta información nos permite comprender si estamos ante un problema dental, esquelético, funcional o una combinación de varios.

Hay otra razón para vigilar unos incisivos demasiado adelantados: los golpes

Existe una consecuencia de los dientes superiores muy prominentes que no siempre se tiene en cuenta.

Están más expuestos.

Cuando un niño corre, practica deporte, juega en el colegio o simplemente se cae, los incisivos superiores suelen encontrarse entre los dientes con mayor riesgo de traumatismo.

Si además sobresalen considerablemente y los labios no consiguen protegerlos adecuadamente, esa exposición puede ser todavía mayor.

Por eso reducir un resalte muy aumentado puede tener también un componente funcional y preventivo, no únicamente estético.

¿Y si mi hijo duerme con la boca abierta?

Es otro dato que merece atención.

No significa automáticamente que exista un problema de ortodoncia, pero conviene comentarlo durante la revisión.

La respiración oral persistente puede relacionarse con diferentes factores y, en algunos niños, aparece junto a determinadas características del desarrollo facial y de la mordida.

Por eso preguntamos cómo duerme el niño, si ronca, si mantiene la boca abierta habitualmente o si parece tener dificultades para respirar por la nariz.

El ortodoncista no sustituye al pediatra ni al otorrinolaringólogo. Cuando existen indicios que requieren estudiar la vía aérea, el abordaje puede necesitar la colaboración de diferentes profesionales.

Una vez más, la boca no funciona de manera aislada.

La tecnología ayuda, pero el diagnóstico sigue perteneciendo al ortodoncista

La odontología digital permite estudiar estos casos con mucha más información que hace años.

Un escáner intraoral permite obtener una reproducción tridimensional de los dientes y analizar la mordida sin depender necesariamente de las antiguas impresiones con pasta.

Las fotografías clínicas permiten comparar la evolución.

Las pruebas radiológicas, cuando están justificadas, ayudan a estudiar estructuras que no podemos valorar únicamente mirando la boca.

Y las herramientas digitales permiten medir y planificar con enorme precisión.

Pero ningún programa puede sustituir una pregunta esencial:

¿Por qué tiene este niño los dientes superiores adelantados?

La tecnología proporciona información.

La experiencia del ortodoncista es la que permite interpretarla.

¿Todos estos niños necesitan aparatos?

No.

Y esta respuesta es importante.

Ver los dientes superiores prominentes no significa que haya que colocar inmediatamente un aparato.

El tratamiento depende de la edad, del momento de crecimiento, de la gravedad del resalte, del origen del problema y del resto de características de la mordida.

En algunos niños realizaremos únicamente revisiones periódicas.

En otros puede estar indicada una primera fase de ortodoncia interceptiva u ortopedia dentofacial.

Y habrá pacientes en los que resulte más adecuado esperar para realizar posteriormente una ortodoncia completa.

El objetivo no debería ser empezar cuanto antes.

Debería ser intervenir en el momento adecuado cuando realmente existe una indicación.

¿Qué tratamientos pueden utilizarse?

No existe un único aparato para los niños con los dientes de arriba salidos.

Precisamente porque no todos tienen el mismo problema.

Dependiendo del diagnóstico y de la etapa de desarrollo pueden utilizarse diferentes estrategias de ortodoncia u ortopedia, aparatos funcionales y, en determinados casos, alineadores diseñados específicamente para pacientes en crecimiento.

Pero elegir el aparato antes de comprender el problema sería empezar la casa por el tejado.

Primero diagnóstico.

Después objetivos.

Y solamente entonces decidimos qué herramienta puede ayudarnos a conseguirlos.

¿A qué edad debería llevar a mi hijo al ortodoncista?

Una primera valoración alrededor de los 6-7 años permite revisar cómo están erupcionando los primeros dientes definitivos y, especialmente, cómo se está desarrollando la mordida.

Eso no significa que todos los niños deban llevar aparato a esa edad.

La mayoría no lo necesitarán inmediatamente.

Pero permite detectar alteraciones que podrían pasar desapercibidas para una familia porque todavía no producen dolor ni dificultan claramente la masticación.

En ortodoncia infantil, muchas veces el momento del diagnóstico resulta tan importante como el propio tratamiento.

Algunas señales que merece la pena consultar

No hace falta convertirse en ortodoncista para observar determinados cambios en casa. Conviene solicitar una valoración cuando los incisivos superiores sobresalen considerablemente, al niño le cuesta cerrar los labios sin esfuerzo, existe una gran separación entre los dientes superiores e inferiores, la mandíbula parece muy retrasada al observar el perfil, muerde claramente hacia un lado, mantiene la boca abierta con frecuencia o conserva durante demasiado tiempo hábitos como la succión del dedo.

Ninguna de estas señales confirma por sí misma que necesite tratamiento.

Simplemente indica que merece la pena estudiarlo.

Dos niños con la misma sonrisa pueden necesitar tratamientos completamente diferentes

Esta es probablemente la idea más importante.

Podemos sentar juntos a dos niños con unos dientes superiores aparentemente igual de adelantados.

En el primero, el problema puede estar fundamentalmente en la inclinación de los incisivos.

En el segundo, puede existir una mandíbula retrasada.

A simple vista parecen iguales.

Desde el punto de vista ortodóncico no lo son.

Y si el diagnóstico es diferente, el tratamiento también debería serlo.

Por eso la ortodoncia infantil moderna no consiste simplemente en “poner los dientes rectos”.

Consiste en entender cómo está creciendo ese niño.

Preguntas frecuentes sobre los dientes de arriba salidos en niños

¿Por qué mi hijo tiene los dientes de arriba tan salidos?

Puede deberse a una inclinación excesiva de los dientes superiores, a la posición del maxilar, a una mandíbula inferior retrasada, a determinados hábitos o a una combinación de varios factores. Una exploración ortodóncica permite determinar el origen.

¿Una mandíbula pequeña puede hacer que parezca que los dientes superiores sobresalen?

Sí. Si la mandíbula inferior se encuentra retrasada respecto al maxilar superior, los incisivos de arriba pueden parecer mucho más prominentes aunque el problema no se encuentre exclusivamente en ellos.

¿Se corrige solo al crecer?

Depende del origen y de la gravedad. Algunos cambios pueden evolucionar favorablemente durante el crecimiento y otros no. Por eso resulta importante valorar la mordida antes de decidir simplemente esperar.

¿A qué edad conviene realizar la primera revisión de ortodoncia?

Alrededor de los 6-7 años es posible valorar el recambio dental, la mordida y la relación entre los maxilares. Realizar una revisión no significa necesariamente comenzar un tratamiento.

¿Los dientes superiores muy salidos tienen mayor riesgo de romperse?

Cuando los incisivos son muy prominentes pueden quedar más expuestos frente a caídas o traumatismos, especialmente si los labios no proporcionan una protección adecuada.

¿Se pueden utilizar alineadores transparentes en niños?

En determinados casos sí. Existen sistemas destinados a pacientes en crecimiento, pero su indicación depende del problema que necesitemos corregir. Los alineadores son una herramienta; no sustituyen un buen diagnóstico.

¿Cómo sé si el problema está en los dientes o en la mandíbula?

A simple vista no siempre puede distinguirse. El ortodoncista analiza los dientes, la mordida, el perfil facial, el crecimiento y, cuando es necesario, utiliza registros digitales y pruebas diagnósticas para determinar dónde se encuentra realmente el origen.

Cuando un padre detecta algo, merece la pena escucharlo

Muchas primeras consultas de ortodoncia comienzan exactamente así:

«No sé explicar qué ocurre, pero le veo algo diferente al cerrar la boca.»

No hace falta esperar a que los dientes estén extremadamente desplazados para preguntar.

En CUCINIELLO & ÁLVAREZ, en Torrelodones, valoramos la ortodoncia infantil desde una perspectiva que va más allá de conseguir dientes alineados. Estudiamos la mordida, el crecimiento y la relación entre los maxilares para decidir si existe realmente un problema y, sobre todo, cuál es el momento adecuado para actuar.

Recibimos familias de Torrelodones y de localidades cercanas como Las Rozas, Las Matas, Galapagar, Hoyo de Manzanares, Colmenarejo y Collado Villalba, pero en todos los casos el principio es el mismo: no tratar una fotografía de unos dientes, sino entender cómo está creciendo cada niño.

Porque cuando los dientes superiores parecen demasiado salidos, la pregunta más importante no es qué aparato necesita.

La primera pregunta siempre debería ser otra:

¿son realmente los dientes… o tenemos que mirar también cómo está creciendo la mandíbula?

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